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21/Mar/2010
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Rigoberto Rizo, EL SALTARÍN DE MADRUGA.


rigobertorizo-90-aniversario.jpgEl pasado 28 de noviembre dejó de existir, a los 92 años, uno de los más importantes poetas populares cubanos: Rigoberto Rizo. Repentista de fecunda trayectoria llenó, por más 70 años, un espacio irremplazable en la tradición de nuestra Cultura de origen campesino. Ofrecemos en estas páginas la última entrevista concedida por el poeta a Bárbara Hernández Tápanes, especialista del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado. En este texto encontrará el lector valiosos testimonios del poeta Adolfo Alfonso, el promotor de la décima, Felipe Sarduy y de Eloina Pérez, viuda de Jesús Orta Ruíz (el Indio Naborí).


Yo nací el 6 de octubre de 1917, aquí cerca, en una finca que está aquí atrás, y empecé ayudando a mis padres en la vaquería. Mi viejo tenía una sola mano, porque era manco, y tenía siete hijos, figúrate, tenía que mantenerlos, y todos los hombres teníamos que meterle, y todos ayudábamos mucho al viejo. Y mi vieja, que la quería mucho, que me duró 96 años. Trabajé en el campo y fui a la escuela hasta sexto grado, primero aquí y después por allá por La Habana, cuando me hice [poeta] mejoré un poco la cosa, pero siempre me gustó la décima.

A los doce años yo empecé a improvisar aquí en guatequitos y eso. El viejo mío también improvisaba, cuando venía un poeta que se llamaba Horacio Martínez, de por aquí por Los Palos[1], venía a Madruga[2] a cantar. El viejo mío cantaba y de ahí lo heredé, lo que yo cogí del punto guajiro, de la décima, era del viejo mío. Y toda mi familia me apoyó cuando yo empecé, y después.

Empecé por Matanzas. Aquí había un poeta que era amigo mío, que cantábamos por aquí cerca, y ya yo tenía 16 o 17 años y él tenía un programa en Matanzas y fui y canté por primera vez en Radio Matanzas. Mi amigo se llamaba Agapito Cruz, yo creo que vive todavía pero hace muchos años que no sé de él. Entonces de ahí hice algunas relaciones allí y a cada rato iba a cantar. Allí conocí a Marcelino Ortiz y a Bernardo García, que era el Dúo Sabanillense y cantaban en una emisora que estaba en la calle Ríos. Iba a cantar con ellos casi todas las semanas. Sabanilla[3] es un pueblo de décima buena y de buenos poetas. Y Matanzas también.

Entonces empezó un programa que era “Buscando el príncipe del punto cubano” en La Habana y yo me inscribí ahí y me llamaron; había dos poetas allí que ya yo conocía: José Marichal, que venía mucho aquí a Madruga, y Gonzalo de Quesada[4] que también era muy amigo mío. Empezó entonces un programa muy bueno que hubo de Partagás[5], en la COCO que eran seis poetas por cada bando; fueron seis por el Bando Tricolor de Colorín[6] y seis por el Bando Azul de Sánchez León y entonces para el Bando Tricolor de Colorín faltaba uno y me propusieron a mí y fui y eché ahí. Eso fue en el año 40 por ahí más o menos. Desde que entré al Bando Tricolor nada más que me dediqué a cantar. Viví toda mi vida de eso, desde que empecé. Desde que yo fui a Partagás, nada más que hice cantar. Pero antes de eso hice aquí muchas cosas: guataqueaba y le metía a todos los trabajos de campo. Y me casé aquí con Luisa, Rizo también, porque era parienta mía, y tuvimos cuatro hijos. Pero perdí uno en un accidente, que era militar, me quedan tres. Y entonces perdí yo el gusto de cantar y de todo, me mató, fue en el año… ¿cuándo fue?, fue eso que pasó en unos días[7] como ahora, en el 76.Ya yo estaba casado cuando aquello [cuando el programa de Partagás] y me mudé para La Habana, frente a la Iglesia del Pilar. Allí viví yo diez años, y después me pasé para otros programas y así hasta que me puse viejo cantando.

Colorín, ese negro vino de Cienfuegos y empezó a cantar por ahí por la noche. Yo me acuerdo cuando yo lo vi a él por aquí que yo no andaba con él todavía, que había un programa que se llamaba “Por la ciudad rueda un grito”[8], yo no sé en qué emisora era. Creo que era en la COCO porque siempre él cantaba en la COCO. Yo estaba en Madruga y lo oí aquí en Madruga y él dijo:

 

Por la ciudad rueda un grito

y ese grito dice así:

el negrito estorba aquí

y hay que botar al negrito.[9]

 

Yo vine para La Habana en el año 49 a trabajar en un cafetín en Monte y Fernandina y Rizo iba por allí y fue donde lo conocí. También iban Rondón, José Manuel Rodríguez, la hermana de Carmelina Barberi y Zoilita Gómez, una gran intérprete de tonadas.

Colorín, cuando vino para La Habana, cantaba por los Cuatro Caminos. Allí se reunían muchos poetas y cantaban por el dinero que les diera la gente que los oía.[10]

 

Colorín era buen poeta pero tenía defectos, porque yo traté de enseñarle cómo eran los asonantes y él nunca aprendió. Cantaba mucha décima asonantada. Colorín fue el que me puso El Saltarín de Madruga. El Risueño Saltarín de Madruga me decían.

Mira, yo tenía un programa aquí, hace mucho tiempo, y hubo uno que me dijo que a mí me decían El Saltarín de Madruga porque yo corría atrás de los pollos para robármelos y le dije:

 

El Saltarín se me llama

porque voy de salto en salto

escalando a lo más alto

de la cumbre de la fama.

Y ¿a ti por qué se te aclama

sinsonte de voz medida,

cuando se nota enseguida

que el que te puso sinsonte

ni fue de visita al monte

ni vio un pájaro en su vida?

 

 Me gustaba hacer chistes… Yo era un jodedor, un jodedor cubano, esa es la palabra.

Bueno, todos los programas donde canté no se lo puedo decir pero sí le voy a decir una décima porque usted quiere recoger algunas cosas de las mías, ¿no? Le voy a decir una décima de cuando yo cantaba en La Habana, del día de Nochebuena. Yo cantaba allá y en Cadena Roja[11] tenía un programa de 11 a 12 y allí le canté esta décima a la vieja mía porque yo siempre venía a pasar la Nochebuena con ella:

 

Este día señalado

por el niño de Belén

es mensajero del bien

y de amor puro y honrado.

Yo hoy dejo lechón asado,

buñuelos de catibía,

queso, pan, cerveza fría

y turrones españoles

por un arroz con frijoles

hechos por la vieja mía.

 

Esa es una de las décimas que más me gusta a mí. Eso fue cuando yo tenía veintipico de años.

Fueron tiempos malos, cuando yo empecé eran tiempos muy malos. Pero yo siempre me abrí paso, ya le dije, cuando yo arranqué en el Bando Tricolor contra el Bando Azul ya yo me hice en eso y viví bien. Se ganaba muy poco, pero dábamos conciertos que nos entraba mucho dinero. Nos lo repartíamos, pero yo cantaba en Partagás y ganaba 25 pesos. Es verdad que era un tiempo que con 25 pesos se hacía algo, pero entonces dábamos conciertos en todas partes, en Jaruco[12], en Los Palos, en todas partes  hasta a Cárdenas[13] íbamos a cantar y ¡oh! Me buscaba buena plata. Yo iba con Colorín con el Bando Tricolor. Estaba el Indio Naborí, Angelito Valiente, no, no, Angelito Valiente era del otro bando, estaba Clavellina[14], uno que era de San Antonio de los Baños. Bueno, ahora no sé; éramos seis. Cuando yo empecé a cantar en Partagás, me pusieron con Angelito Valiente y al Cacique Jaruqueño[15], que era del bando mío también, lo pusieron con Naborí. Con Naborí un día en Casablanca dimos un concierto y El Cacique Jaruqueño era analfabeto y le preguntó que qué cosa era un cacique, que qué cosa era un naborí y dijo él que no cantaba más con Naborí. Entonces yo canté siempre con Naborí, a Naborí yo lo quería mucho. Yo llamé a Eloína, su mujer, hace poco y hablé con ella, yo quiero mucho a Eloína. Eloína era muy bonita, y yo siempre iba a su casa con Naborí porque yo la quiero mucho a ella.

 

Eloína Pérez, viuda del Indio Naborí, nos relata que Rizo siempre visitaba la casa. En aquella época el poeta vivía con su familia en la barriada de Lawton, y la casa tenía un portalito. En cuanto llegaba Rizo, venían las muchachas del barrio, porque era muy zalamero y se ponía a hacerles décimas. También almorzaba con ellos, pero no aportaba nada. Un día le dio a Eloína un peso para que preparara el almuerzo[16]. Eloína fue a buscar comida, pero confiesa que le hizo una trastada a Rizo: no le devolvió el dinero que sobró.

 

Cuando Naborí estuvo aquí. Bueno, Naborí venía mucho aquí, y le canté una decimita:

 

Te veo que el diccionario

no dejas de repasar

con ansias de demostrar

un lenguaje extraordinario.

Pero ese vocabulario

al público no extasía,

si es que la poesía

se hace en esas condiciones,

no dudo ver marañones

con corbata cualquier día.

 

Y había épocas que no, que cantábamos cosas de historia, y serias.

Me gustaba cantar con Naborí. Naborí era mi socio. Cuando murió yo lo sentí mucho, y a Noel, su hijo, cuando lo perdió, eso acabó con él también. En ese tiempo yo siempre andaba con él, andábamos, porque Vasallo tenía un carrito. Yo en La Habana tuve un carrito, pero aquí no. Orlando Vasallo, que también cantaba con nosotros, tenía máquina y nosotros siempre andábamos con él, para acá y para allá, para todos los lugares.

 

Un día salimos de la emisora en la máquina de Vasallo con dos o tres poetas, entre ellos Naborí, y Naborí había cobrado y le dije:

-Naborí, hace falta que me prestes tres pesos ahí.

 –Muchacho, ¡qué va! Yo tengo que pagar…

Pero al poco rato me dio los tres pesos. Y yo le dije:

-Bueno, estos los vas a cobrar a casa del carajo, ¿oíste?

Y Naborí se rió muchísimo con eso. Él se reía mucho con las cosas mías. Yo bebía y fumaba como un trastornado.

 

Por su parte, Rizo también le hizo buenas trastadas a Naborí. En un programa radial de la década del 40 había una sección de piropos. Seleccionaron a las muchachas que cada uno de los dos debía piropear. Naborí le preparó una décima de buen nivel –como era característico en sus improvisaciones- y se la dijo a Rizo para que le diera su parecer. Rizo le hizo repetirla, pero en realidad lo que hizo fue memorizarla. Al momento de cantar, El Saltarín de Madruga tuvo el primer turno para cantar su piropo, pero sorprendió cuando cantó la décima que Naborí había preparado. Este, perplejo, tuvo que salir a improvisar a último momento.[17]

 

Y tengo otra [décima] que hice ya aquí porque yo empecé con una muchacha que el padre era desmochador, -Luisa, mi mujer-, y él se llamaba Yeyo. Se cayó de una palma y entonces yo tuve que venir y dejé de cantar en La Habana. Y hice esta décima ya cuando estaba aquí en el campo:

 

Cuando la noche se amasa

sobre mi vieja cobija

estudio cada rendija

de las tablas de mi casa  –porque era una casa de zinc y eso-.

Como un relámpago pasa

un ratón por la solera,

se escucha un ruido allá afuera

como el paso de una tropa

y es el viento con la ropa

jugando en la tendedera.

 

Esa décima siempre me gustó mucho a mí. Esa décima ya es más tarde, pero no puedo decirte de que época fue. 

El éxito más grande que yo tuve en mi emisora fue con Marín, que era de Ariguanabo, que fue locutor, que me quería mucho a mí y me enseñaba muchas cosas y me decía:

-Mira, se dice esto y esto no.

Entonces aquí [en Madruga] había un poética, un poética no, un poeta, Ernesto Suárez, que yo le cogía las décimas a él y se las remendaba y se las cantaba por radio como seguidillas y eso. Y el triunfo más grande que tuve yo fue cuando él me dijo:

-Yo quiero que tú me cantes la seguidilla. -¡Ah!, porque yo fui a una gira por el interior y en Guisa creo que fue, que yo recité “El chocolate”, un trabajo que hizo Ernesto Suárez y que yo lo remendé, y a Marín le gustó mucho y me dijo:

-Yo quiero que tú me hagas esto, pero cantado y me quitas esto y esto otro- porque era muy riguroso.

Eso era a las seis y media de la tarde en Radio Progreso y canté y fue el aplauso más grande que recuerdo yo en mi vida. Y cuando terminé, que se cayó aquello abajo, Marín me dijo, canta, canta otra. Y también me aplaudieron. Yo hubiera dado cualquier cosa porque hubieran grabado aquellas décimas. Pero el éxito aquel pasó, ese ya no volvió más nunca.

Yo tuve carro mucho tiempo, pero ya no tengo carro. Yo viví en La Habana diez años, como ya le dije, pero el otro tiempo lo viví aquí en Madruga y cogía todos los días mi guagua para La Habana y cantaba y viraba a veces por la madrugada, otras veces más temprano. Ya los guagüeros me conocían y me recogían dondequiera. Ya no voy a ningún lado. Pero yo no preparaba en el camino las décimas que iba a cantar, en aquella época era improvisado todo. Óigame, yo empecé en Partagás, ese programa que yo le digo, que cuando rompía una controversia que decían Fulano y Mengano era media hora, y todo era sin preparar nada. Después fue que vino el negocio que preparaban las décimas. Pero antes no se preparaba nada, nada. Ya antes de la Revolución se empezaron a preparar las décimas, ya eso estaba funcionando. Había gente que preparaba, pero yo…

 

Rizo pertenecía al Bando Tricolor y yo al Bando Azul. Yo era un muchacho, tenía 14 años. Entonces a mí me decían el segundo Angelito Valiente porque cantaba en la misma tonada que él. Entonces Rizo me dijo en una controversia:

Como que en la poesía

eres segundo Valiente,

tienes necesariamente

segunda categoría.

Hoy a la presencia mía

te vas a poner fatal.

Tú sabrás que no es igual

el segundo que el primero

y yo le di mucho cuero

al Valiente principal.[18]

 

Ahora me dieron un homenaje el día de mi cumpleaños[19], que vino la empresa mía, la Antonio María Romeu que me quieren mucho esa gente y yo fui y canté allí. Canté con Tomasita Quiala, esa es amiga mía, esa es mi socia. Tomasita vino a La Habana a operarse de la vista. Entonces yo cantaba en Radio Progreso y ella fue de visita allí y la pusieron conmigo a cantar. Y yo le dije:

-¿Tú quieres prepararlo o improvisar?

Y me dijo:

-No, yo soy improvisadora nada más[20].

Siempre me quiso mucho Tomasita a mí. Y después ella siempre ha jugado mucho conmigo. Y ahora me dice… porque cuando aquello yo fumaba mucho, hablábamos de dejar el cigarro y eso y me acuerdo que me dijo una vez algo de que me iba a botar la cajetilla y le dije -porque hay un lugar por aquí que se llama “El Reverbero”- que venden bebida, y le dije:

 

Si boto la cajetilla

como que soy majadero,

compro otra en El Reverbero

y me sueno un Coronilla[21].

 

Son cositas así.

 

Esta décima la dije en un homenaje que me hicieron:

 

Cuando yo empecé a cantar

que era un verdadero lince

hasta las chicas de quince

venían a saludar.

Y hoy que vuelvo a Bellamar

pasó por mi lado Inés,

que fue mi novia una vez,

y le preguntó a un amigo

que estaba hablando conmigo:

Y este viejito ¿quién es?

 

Le gustó mucho a la gente.

A mí la gente me conoce más por la décima humorística porque yo siempre fui jaranero. Me gusta mucho la décima cómica. Desde luego, yo tengo mi categoría también en el verso bueno. Cuando empezaron a evaluar a los poetas, cogieron una décima mía, eso fue a la gente que fueron a evaluar por allá por Santiago. También hay poetas que han cogido décimas mías y las han cantado como suyas, pero yo los perdono.

 

Los celos de mi mujer

Mi mujer, que desde luego,

es celosa hasta rabiar

siempre que salgo a pasear

me registra cuando llego.

Un pelo color de fuego

me halló un día por sorpresa

y me dijo “Mala pieza

tu andabas con una rubia”.

Y ahí mismo sentí una lluvia

De golpes en la cabeza.

 

Al otro día salí

con mucho romanticismo,

y mi mujer me hizo el mismo

registro cuando volví.

Y me encontró por aquí,

cerca del cuello una greña,

enroscadita, pequeña,

que era negra como un cao

y me dijo: “!Descarao,

tu andas con una trigueña!”

 

Luego me fui de pachanga

una mañana cualquiera,

pero frente a una vidriera

me hice un registro de ampanga

Y ella, la muy guachinanga

me registró hasta el ombligo,

y ni un manchón, ni un testigo,

ni un pelito de mujer,

y entonces me dijo: A ver,

¿qué calva andaba contigo?

 

Yo he hecho décima seria, pero el fuerte mío fue el humorismo, siempre. Ahora faltan los poetas que trabajen eso. Mira, yo canté con todos los poetas pero Chanito Isidrón murió cantando conmigo, y canté mucho tiempo con él y canté con varios cómicos, pero Chanito era el mejor. Era el rey del humorismo. Yo tengo un documental cantando con Chanito que a cada rato lo ponen en “Contra el olvido”[22]. Yo  tengo muchas cosas hechas, pero ya ni me acuerdo. Pero ahora no hay de esos, los hay que se meten, pero ahora sí no me acuerdo de ninguno que sea cancha en eso, no me acuerdo de ninguno. Mira, Emiliano[23], pero es un tipo de verso que no acaba de ser humorismo, sino que le cae bien a la gente. Y Emiliano es muy bueno y hay otros que también lo hacen, se tiran para el humorismo, pero eso no es fácil. El humorismo es más difícil que el verso serio. El verso serio lo haces bien y camina. 

 

Cuando yo trabajaba en televisión, siempre ponía a Rizo a cantar con el Ñato Rubiera. Hacían décima humorística. Esto fue en “Palmas y Cañas”[24] –que yo hacía las vacaciones de los directores- y después en “Meridiano Campesino”[25]. Pero en este programa casi nunca pude utilizarlos porque a esa hora estaban grabando “Vivimos en Campo Alegre” en Radio Rebelde. Rizo cantaba bastante bien, mejor que Rubiera. Era afinado.

Una vez salí de gira cuando Rizo estaba al frente de “Vivimos en Campo Alegre”[26] sustituyendo a Rubiera. Salían a grabar a distintos pueblos. Y creo que fue en Las Tunas que un guajiro nos invitó a comer un chilindrón de carnero. Todo el viaje se lo pasó diciéndome que yo no tenía cultura alcohólica –porque nunca me gustó beber y él sí tomaba mucho-, y cuando fueron a servir, puso como condición, para que yo comiera, que tenía que tomarme media botella de ron o no probaba el chilindrón. Pero nada más que me tomé un buchito y pude comerme unas masitas.[27]

 

El programa donde más tiempo trabajó fue “Vivimos en Campo Alegre”, al que el poeta calificó de programa nómada, porque siempre estaba recorriendo los campos de Cuba. Con quien más recuerda haber cantado fue con Rafael “El Ñato” Rubiera. Sus controversias lo mismo abordaban temas bucólicos como humorísticos.

 

Como por campo y ciudad

va el Ñato en mi compañía,

ya la gente se creía

que era de mi propiedad.

Un día por Trinidad

Me confesó un tal Muñoz:

Por ese Ñato sin voz

te doy cuatro calabazas

para espantar las yaguazas

que me comen el arroz.

 

La otra novia de Rubiera

era una tal Guillermina;

por cierto, muy poco fina

que lo quiso por bobera.

El viejo en la talanquera

lo esperó y le dijo un día:

Muchacho, en la casa mía

tiene nariz hasta el gato,

para que ahora venga un ñato

a echarme a perder la cría.[28]


Yo estoy muy vacilante, tengo muy mala la memoria; por un lado tengo muy mala memoria, pero por otro no. Mire, yo me pongo a recitarle cosas y me acuerdo. Décimas y cosas que no es décima también… De Lorca:

 

Que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela

pero tenía marido…[29]

 

De todo eso yo me acuerdo.

No, yo tengo muchas amistades en La Habana todavía. Pero ya yo no canto, estoy en “stand by”. Iba a unos guatequitos aquí en Los Mangos que le llamamos. Hay una trova, la Trova de Rubiera, le decían, y yo iba a cantar los domingos allí, pero ya no, ya no voy a ninguna parte.

Fefita Gutiérrez, periodista[30], me hizo una entrevista a mí, yo la quiero mucho. Yo canté una décima, y la oyó y le gustó mucho, pero se aprendió nada más el final que dice así:

 

…yo nunca he sido un poeta

de mucha categoría

pero cuando muera un día

no faltará un campesino

que cantará en el camino 

alguna décima mía.

 

 

 

 



[1] Poblado de la provincia La Habana. Actualmente pertenece al municipio Nueva Paz

[2] Municipio de la provincia La Habana.

[3] El pueblo conocido por Sabanilla, se llamaba realmente Sabanilla del Encomendador. En la etapa seudorrepublicana, en 1934, le fue cambiado el nombre por Juan Gualberto Gómez. Actualmente pertenece al municipio Unión de Reyes, provincia Matanzas

[4] Fue uno de los primeros ganadores del programa

[5] Marca de cigarrillos que patrocinaba el programa

[6] Seudónimo del poeta cienfueguero Primitivo Fortún del Sol

[7] Se refiere al atentado al avión de Barbados.

[8] Se refiere a una novela radial.

[9] La décima, recogida por Germán Bode en su libro Décimas rescatadas del aire y del olvido, es la siguiente: Por la ciudad ruida un grito / Y ese grito dice así: / “el negrito no es de aquí /y hay que tumbar al negrito”. / Pero no desacredito / a esta ciudad soberana / porque con la ayuda hermana / de poblanos y labriegos /soy Colorín en Cienfuegos / y Colorín en La Habana.

[10] Tomado de entrevista a Felipe Sarduy, premio nacional de televisión.

[11] Cadena Roja: emisora ubicada en la calle Prado, cerca de Malecón.

[12] Municipio de la provincia La Habana

[13] Ciudad y municipio de la provincia Matanzas

[14] Seudónimo del poeta Emenegildo García

[15] Seudónimo del poeta Francisco Reyes

[16] Debe tenerse en cuenta la época en que esto ocurrió. En los años 40 con un peso podía comprarse todo lo necesario para hacer un almuerzo bueno y quedaba dinero.

[17] Anécdota relatada por Eloína Pérez, viuda de Jesús Orta Ruiz

[18] Anécdota relatada por Adolfo Alfonso.

[19] Se refiere al homenaje que le realizaron en octubre de 2008 por sus 91 años.

[20] Es práctica común en los programas radiales y televisivos preparar las décimas unos momentos antes de salir al aire para garantizar que no se produzcan “baches”. Esta modalidad es conocida como “repentismo impuro”.

[21] Marca de aguardiente muy popular en los años 70 y 80.

[22] Espacio televisivo dominical

[23] Se refiere a Emiliano Sardiñas

[24] Programa de la televisión cubana que se mantiene en el aire hace 47 años.

[25] Programa de la televisión cubana que salió al aire durante la década del 80.

[26] Programa de Radio Progreso.

[27] De la entrevista realizada a Felipe Sarduy.

[28] Estas dos décimas fueron recogidas de la memoria de Luis Paz.

[29] Fragmento de “Romance de la casada infiel” de Federico García Lorca.

[30] Periodista de “El Habanero”. Se ha destacado su trabajo por el rescate de las figuras del repentismo y la décima cubana. También atiende la sección Diez por los Cinco, de esa publicación.




Written By: JorgeSoca
Date Posted: 12/15/2009
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