Yo
nací el 6 de octubre de 1917, aquí cerca, en una finca que está aquí atrás, y
empecé ayudando a mis padres en la vaquería. Mi viejo tenía una sola mano,
porque era manco, y tenía siete hijos, figúrate, tenía que mantenerlos, y todos
los hombres teníamos que meterle, y todos ayudábamos mucho al viejo. Y mi
vieja, que la quería mucho, que me duró 96 años. Trabajé en el campo y fui a la
escuela hasta sexto grado, primero aquí y después por allá por La Habana,
cuando me hice [poeta] mejoré un poco la cosa, pero siempre me gustó la décima.
A
los doce años yo empecé a improvisar aquí en guatequitos y eso. El viejo mío
también improvisaba, cuando venía un poeta que se llamaba Horacio Martínez, de
por aquí por Los Palos,
venía a Madruga a cantar. El viejo mío
cantaba y de ahí lo heredé, lo que yo cogí del punto guajiro, de la décima, era
del viejo mío. Y toda mi familia me apoyó cuando yo empecé, y después.
Empecé
por Matanzas. Aquí había un poeta que era amigo mío, que cantábamos por aquí
cerca, y ya yo tenía 16 o 17 años y él tenía un programa en Matanzas y fui y
canté por primera vez en Radio Matanzas. Mi amigo se llamaba Agapito Cruz, yo
creo que vive todavía pero hace muchos años que no sé de él. Entonces de ahí
hice algunas relaciones allí y a cada rato iba a cantar. Allí conocí a Marcelino
Ortiz y a Bernardo García, que era el Dúo Sabanillense y cantaban en una
emisora que estaba en la calle Ríos. Iba a cantar con ellos casi todas las
semanas. Sabanilla es un pueblo de décima
buena y de buenos poetas. Y Matanzas también.
Entonces
empezó un programa que era “Buscando el príncipe del punto cubano” en La Habana
y yo me inscribí ahí y me llamaron; había dos poetas allí que ya yo conocía:
José Marichal, que venía mucho aquí a Madruga, y Gonzalo de Quesada que
también era muy amigo mío. Empezó entonces un programa muy bueno que hubo de Partagás, en la
COCO que eran seis poetas por cada bando; fueron seis por el Bando Tricolor de Colorín y
seis por el Bando Azul de Sánchez León y entonces para el Bando Tricolor de Colorín faltaba uno y me propusieron a mí
y fui y eché ahí. Eso fue en el año 40 por ahí más o menos. Desde que entré al
Bando Tricolor nada más que me dediqué a cantar. Viví toda mi vida de eso,
desde que empecé. Desde que yo fui a Partagás, nada más que hice cantar. Pero
antes de eso hice aquí muchas cosas: guataqueaba y le metía a todos los
trabajos de campo. Y me casé aquí con Luisa, Rizo también, porque era parienta
mía, y tuvimos cuatro hijos. Pero perdí uno en un accidente, que era militar,
me quedan tres. Y entonces perdí yo el gusto de cantar y de todo, me mató, fue
en el año… ¿cuándo fue?, fue eso que pasó en unos días como
ahora, en el 76.Ya yo estaba casado cuando aquello [cuando el programa de
Partagás] y me mudé para La Habana, frente a la Iglesia del Pilar. Allí viví yo
diez años, y después me pasé para otros programas y así hasta que me puse viejo
cantando.
Colorín, ese negro vino de Cienfuegos y empezó a cantar por
ahí por la noche. Yo me acuerdo cuando yo lo vi a él por aquí que yo no andaba
con él todavía, que había un programa que se llamaba “Por la ciudad rueda un
grito”, yo
no sé en qué emisora era. Creo que era en la COCO porque siempre él cantaba en
la COCO. Yo estaba en Madruga y lo oí aquí en Madruga y él dijo:
Por
la ciudad rueda un grito
y
ese grito dice así:
el
negrito estorba aquí
y
hay que botar al negrito.
Yo vine para La Habana en el año 49 a trabajar en un
cafetín en Monte y Fernandina y Rizo iba por allí y fue donde lo conocí.
También iban Rondón, José Manuel Rodríguez, la hermana de Carmelina Barberi y
Zoilita Gómez, una gran intérprete de tonadas.
Colorín, cuando vino para La Habana, cantaba por los Cuatro
Caminos. Allí se reunían muchos poetas y cantaban por el dinero que les diera
la gente que los oía.
Colorín era buen poeta pero tenía defectos, porque yo traté
de enseñarle cómo eran los asonantes y él nunca aprendió. Cantaba mucha décima
asonantada. Colorín fue el que me
puso El Saltarín de Madruga. El Risueño Saltarín de Madruga me
decían.
Mira, yo tenía un programa aquí, hace mucho tiempo, y
hubo uno que me dijo que a mí me decían El
Saltarín de Madruga porque yo corría atrás de los pollos para robármelos y
le dije:
El Saltarín se me llama
porque voy de salto en salto
escalando a lo más alto
de la cumbre de la fama.
Y ¿a ti por qué se te aclama
sinsonte de voz medida,
cuando se nota enseguida
que el que te puso sinsonte
ni fue de visita al monte
ni vio un pájaro en su vida?
Me gustaba
hacer chistes… Yo era un jodedor, un jodedor cubano, esa es la palabra.
Bueno,
todos los programas donde canté no se lo puedo decir pero sí le voy a decir una
décima porque usted quiere recoger algunas cosas de las mías, ¿no? Le voy a
decir una décima de cuando yo cantaba en La Habana, del día de Nochebuena. Yo
cantaba allá y en Cadena Roja
tenía un programa de 11 a 12 y allí le canté esta décima a la vieja mía porque yo
siempre venía a pasar la Nochebuena con ella:
Este
día señalado
por
el niño de Belén
es
mensajero del bien
y
de amor puro y honrado.
Yo
hoy dejo lechón asado,
buñuelos
de catibía,
queso,
pan, cerveza fría
y
turrones españoles
por
un arroz con frijoles
hechos
por la vieja mía.
Esa
es una de las décimas que más me gusta a mí. Eso fue cuando yo tenía veintipico
de años.
Fueron
tiempos malos, cuando yo empecé eran tiempos muy malos. Pero yo siempre me abrí
paso, ya le dije, cuando yo arranqué en el Bando Tricolor contra el Bando Azul ya
yo me hice en eso y viví bien. Se ganaba muy poco, pero dábamos conciertos que nos
entraba mucho dinero. Nos lo repartíamos, pero yo cantaba en Partagás y ganaba
25 pesos. Es verdad que era un tiempo que con 25 pesos se hacía algo, pero
entonces dábamos conciertos en todas partes, en Jaruco, en Los
Palos, en todas partes hasta a Cárdenas íbamos
a cantar y ¡oh! Me buscaba buena plata. Yo iba con Colorín con el Bando Tricolor. Estaba el Indio Naborí, Angelito Valiente, no, no, Angelito Valiente era del
otro bando, estaba Clavellina, uno
que era de San Antonio de los Baños. Bueno, ahora no sé; éramos seis. Cuando yo
empecé a cantar en Partagás, me pusieron con Angelito Valiente y al Cacique Jaruqueño, que
era del bando mío también, lo pusieron con Naborí.
Con Naborí un día en Casablanca dimos
un concierto y El Cacique Jaruqueño era
analfabeto y le preguntó que qué cosa era un cacique, que qué cosa era un
naborí y dijo él que no cantaba más con Naborí.
Entonces yo canté siempre con Naborí,
a Naborí yo lo quería mucho. Yo llamé
a Eloína, su mujer, hace poco y hablé con ella, yo quiero mucho a Eloína.
Eloína era muy bonita, y yo siempre iba a su casa con Naborí porque yo la quiero mucho a ella.
Eloína Pérez, viuda del Indio Naborí, nos relata que Rizo siempre visitaba la casa. En
aquella época el poeta vivía con su familia en la barriada de Lawton, y la casa
tenía un portalito. En cuanto llegaba Rizo, venían las muchachas del barrio,
porque era muy zalamero y se ponía a hacerles décimas. También almorzaba con
ellos, pero no aportaba nada. Un día le dio a Eloína un peso para que preparara
el almuerzo. Eloína fue a buscar
comida, pero confiesa que le hizo una trastada a Rizo: no le devolvió el dinero
que sobró.
Cuando
Naborí estuvo aquí. Bueno, Naborí venía mucho aquí, y le canté una
decimita:
Te
veo que el diccionario
no
dejas de repasar
con
ansias de demostrar
un
lenguaje extraordinario.
Pero
ese vocabulario
al
público no extasía,
si
es que la poesía
se
hace en esas condiciones,
no
dudo ver marañones
con
corbata cualquier día.
Y
había épocas que no, que cantábamos cosas de historia, y serias.
Me
gustaba cantar con Naborí. Naborí era mi socio. Cuando murió yo lo
sentí mucho, y a Noel, su hijo, cuando lo perdió, eso acabó con él también. En
ese tiempo yo siempre andaba con él, andábamos, porque Vasallo tenía un
carrito. Yo en La Habana tuve un carrito, pero aquí no. Orlando Vasallo, que
también cantaba con nosotros, tenía máquina y nosotros siempre andábamos con
él, para acá y para allá, para todos los lugares.
Un día salimos de la emisora en la máquina de Vasallo
con dos o tres poetas, entre ellos Naborí,
y Naborí había cobrado y le dije:
-Naborí,
hace falta que me prestes tres pesos ahí.
–Muchacho, ¡qué
va! Yo tengo que pagar…
Pero al poco rato me dio los tres pesos. Y yo le dije:
-Bueno, estos los vas a cobrar a casa del carajo,
¿oíste?
Y Naborí se
rió muchísimo con eso. Él se reía mucho con las cosas mías. Yo bebía y fumaba
como un trastornado.
Por su parte, Rizo también le hizo buenas trastadas a Naborí. En un programa radial de la
década del 40 había una sección de piropos. Seleccionaron a las muchachas que
cada uno de los dos debía piropear. Naborí
le preparó una décima de buen nivel –como era característico en sus
improvisaciones- y se la dijo a Rizo para que le diera su parecer. Rizo le hizo
repetirla, pero en realidad lo que hizo fue memorizarla. Al momento de cantar, El Saltarín de Madruga tuvo el primer
turno para cantar su piropo, pero sorprendió cuando cantó la décima que Naborí había preparado. Este, perplejo,
tuvo que salir a improvisar a último momento.
Y
tengo otra [décima] que hice ya aquí porque yo empecé con una muchacha que el
padre era desmochador, -Luisa, mi mujer-, y él se llamaba Yeyo. Se cayó de una
palma y entonces yo tuve que venir y dejé de cantar en La Habana. Y hice esta
décima ya cuando estaba aquí en el campo:
Cuando
la noche se amasa
sobre
mi vieja cobija
estudio
cada rendija
de
las tablas de mi casa –porque era una
casa de zinc y eso-.
Como
un relámpago pasa
un
ratón por la solera,
se
escucha un ruido allá afuera
como
el paso de una tropa
y
es el viento con la ropa
jugando
en la tendedera.
Esa
décima siempre me gustó mucho a mí. Esa décima ya es más tarde, pero no puedo
decirte de que época fue.
El éxito más grande que yo tuve en mi emisora fue con
Marín, que era de Ariguanabo, que fue locutor, que me quería mucho a mí y me
enseñaba muchas cosas y me decía:
-Mira, se dice esto y esto no.
Entonces aquí [en Madruga] había un poética, un poética
no, un poeta, Ernesto Suárez, que yo le cogía las décimas a él y se las
remendaba y se las cantaba por radio como seguidillas y eso. Y el triunfo más
grande que tuve yo fue cuando él me dijo:
-Yo quiero que tú me cantes la seguidilla. -¡Ah!,
porque yo fui a una gira por el interior y en Guisa creo que fue, que yo recité
“El chocolate”, un trabajo que hizo Ernesto Suárez y que yo lo remendé, y a
Marín le gustó mucho y me dijo:
-Yo quiero que tú me hagas esto, pero cantado y me
quitas esto y esto otro- porque era muy riguroso.
Eso era a las seis y media de la tarde en Radio
Progreso y canté y fue el aplauso más grande que recuerdo yo en mi vida. Y
cuando terminé, que se cayó aquello abajo, Marín me dijo, canta, canta otra. Y
también me aplaudieron. Yo hubiera dado cualquier cosa porque hubieran grabado
aquellas décimas. Pero el éxito aquel pasó, ese ya no volvió más nunca.
Yo
tuve carro mucho tiempo, pero ya no tengo carro. Yo viví en La Habana diez años,
como ya le dije, pero el otro tiempo lo viví aquí en Madruga y cogía todos los
días mi guagua para La Habana y cantaba y viraba a veces por la madrugada, otras
veces más temprano. Ya los guagüeros me conocían y me recogían dondequiera. Ya
no voy a ningún lado. Pero yo no preparaba en el camino las décimas que iba a
cantar, en aquella época era improvisado todo. Óigame, yo empecé en Partagás,
ese programa que yo le digo, que cuando rompía una controversia que decían Fulano
y Mengano era media hora, y todo era sin preparar nada. Después fue que vino el
negocio que preparaban las décimas. Pero antes no se preparaba nada, nada. Ya
antes de la Revolución se empezaron a preparar las décimas, ya eso estaba
funcionando. Había gente que preparaba, pero yo…
Rizo pertenecía al Bando Tricolor y yo al Bando Azul.
Yo era un muchacho, tenía 14 años. Entonces a mí me decían el segundo Angelito Valiente
porque cantaba en la misma tonada que él. Entonces Rizo me dijo en una
controversia:
Como que en la poesía
eres segundo Valiente,
tienes necesariamente
segunda categoría.
Hoy a la presencia mía
te vas a poner fatal.
Tú sabrás que no es igual
el segundo que el primero
y yo le di mucho cuero
al Valiente principal.
Ahora
me dieron un homenaje el día de mi cumpleaños, que
vino la empresa mía, la Antonio María Romeu que me quieren mucho esa gente y yo
fui y canté allí. Canté con Tomasita Quiala, esa es amiga mía, esa es mi socia.
Tomasita vino a La Habana a operarse de la vista. Entonces yo cantaba en Radio
Progreso y ella fue de visita allí y la pusieron conmigo a cantar. Y yo le
dije:
-¿Tú
quieres prepararlo o improvisar?
Y
me dijo:
-No,
yo soy improvisadora nada más.
Siempre
me quiso mucho Tomasita a mí. Y después ella siempre ha jugado mucho conmigo. Y
ahora me dice… porque cuando aquello yo fumaba mucho, hablábamos de dejar el
cigarro y eso y me acuerdo que me dijo una vez algo de que me iba a botar la cajetilla
y le dije -porque hay un lugar por aquí que se llama “El Reverbero”- que venden
bebida, y le dije:
Si
boto la cajetilla
como
que soy majadero,
compro
otra en El Reverbero
y
me sueno un Coronilla.
Son
cositas así.
Esta
décima la dije en un homenaje que me hicieron:
Cuando
yo empecé a cantar
que
era un verdadero lince
hasta
las chicas de quince
venían
a saludar.
Y
hoy que vuelvo a Bellamar
pasó
por mi lado Inés,
que
fue mi novia una vez,
y
le preguntó a un amigo
que
estaba hablando conmigo:
Y
este viejito ¿quién es?
Le
gustó mucho a la gente.
A
mí la gente me conoce más por la décima humorística porque yo siempre fui
jaranero. Me gusta mucho la décima cómica. Desde luego, yo tengo mi categoría
también en el verso bueno. Cuando empezaron a evaluar a los poetas, cogieron
una décima mía, eso fue a la gente que fueron a evaluar por allá por Santiago.
También hay poetas que han cogido décimas mías y las han cantado como suyas,
pero yo los perdono.
Los celos de mi mujer
Mi mujer, que desde luego,
es celosa hasta rabiar
siempre que salgo a pasear
me registra cuando llego.
Un pelo color de fuego
me halló un día por sorpresa
y me dijo “Mala pieza
tu andabas con una rubia”.
Y ahí mismo sentí una lluvia
De golpes en la cabeza.
Al otro día salí
con mucho romanticismo,
y mi mujer me hizo el mismo
registro cuando volví.
Y me encontró por aquí,
cerca del cuello una greña,
enroscadita, pequeña,
que era negra como un cao
y me dijo: “!Descarao,
tu andas con una trigueña!”
Luego me fui de pachanga
una mañana cualquiera,
pero frente a una vidriera
me hice un registro de
ampanga
Y ella, la muy guachinanga
me registró hasta el
ombligo,
y ni un manchón, ni un
testigo,
ni un pelito de mujer,
y entonces me dijo: A ver,
¿qué calva andaba contigo?
Yo he hecho décima seria, pero el fuerte mío fue el
humorismo, siempre. Ahora faltan los poetas que trabajen eso. Mira, yo canté
con todos los poetas pero Chanito Isidrón murió cantando conmigo, y canté mucho
tiempo con él y canté con varios cómicos, pero Chanito era el mejor. Era el rey
del humorismo. Yo tengo un documental cantando con Chanito que a cada rato lo
ponen en “Contra el olvido”.
Yo tengo muchas cosas hechas, pero ya ni
me acuerdo. Pero ahora no hay de esos, los hay que se meten, pero ahora sí no
me acuerdo de ninguno que sea cancha en eso, no me acuerdo de ninguno. Mira,
Emiliano, pero es un tipo de verso
que no acaba de ser humorismo, sino que le cae bien a la gente. Y Emiliano es
muy bueno y hay otros que también lo hacen, se tiran para el humorismo, pero
eso no es fácil. El humorismo es más difícil que el verso serio. El verso serio
lo haces bien y camina.
Cuando yo trabajaba en televisión, siempre ponía a
Rizo a cantar con el Ñato Rubiera. Hacían décima humorística. Esto fue en “Palmas
y Cañas” –que yo hacía las
vacaciones de los directores- y después en “Meridiano Campesino”.
Pero en este programa casi nunca pude utilizarlos porque a esa hora estaban
grabando “Vivimos en Campo Alegre” en Radio Rebelde. Rizo cantaba bastante
bien, mejor que Rubiera. Era afinado.
Una vez salí de gira cuando Rizo estaba al frente de “Vivimos
en Campo Alegre” sustituyendo a Rubiera. Salían
a grabar a distintos pueblos. Y creo que fue en Las Tunas que un guajiro nos
invitó a comer un chilindrón de carnero. Todo el viaje se lo pasó diciéndome
que yo no tenía cultura alcohólica –porque nunca me gustó beber y él sí tomaba
mucho-, y cuando fueron a servir, puso como condición, para que yo comiera, que
tenía que tomarme media botella de ron o no probaba el chilindrón. Pero nada
más que me tomé un buchito y pude comerme unas masitas.
El programa donde más tiempo trabajó fue “Vivimos en
Campo Alegre”, al que el poeta calificó de programa nómada, porque siempre estaba
recorriendo los campos de Cuba. Con quien más recuerda haber cantado fue con
Rafael “El Ñato” Rubiera. Sus controversias
lo mismo abordaban temas bucólicos como humorísticos.
Como por campo y ciudad
va el Ñato en mi compañía,
ya la gente se creía
que era de mi propiedad.
Un día por Trinidad
Me confesó un tal Muñoz:
Por ese Ñato sin voz
te doy cuatro calabazas
para espantar las yaguazas
que me comen el arroz.
La otra novia de Rubiera
era una tal Guillermina;
por cierto, muy poco fina
que lo quiso por bobera.
El viejo en la talanquera
lo esperó y le dijo un día:
Muchacho, en la casa mía
tiene nariz hasta el gato,
para que ahora venga un ñato
a echarme a perder la cría.
Yo
estoy muy vacilante, tengo muy mala la memoria; por un lado tengo muy mala
memoria, pero por otro no. Mire, yo me pongo a recitarle cosas y me acuerdo.
Décimas y cosas que no es décima también… De Lorca:
Que
yo me la llevé al río
creyendo
que era mozuela
pero
tenía marido…
De
todo eso yo me acuerdo.
No,
yo tengo muchas amistades en La Habana todavía. Pero ya yo no canto, estoy en
“stand by”. Iba a unos guatequitos aquí en Los Mangos que le llamamos. Hay una
trova, la Trova de Rubiera, le decían, y yo iba a cantar los domingos allí,
pero ya no, ya no voy a ninguna parte.
Fefita
Gutiérrez, periodista, me
hizo una entrevista a mí, yo la quiero mucho. Yo canté una décima, y la oyó y
le gustó mucho, pero se aprendió nada más el final que dice así:
…yo
nunca he sido un poeta
de
mucha categoría
pero
cuando muera un día
no
faltará un campesino
que
cantará en el camino
alguna
décima mía.
Poblado de la provincia La
Habana. Actualmente pertenece al municipio Nueva Paz